Cuchi Leguizamón: El artista que tocó la parte medular de la cultura

La escultura del Cuchi será emplazada frente a la Plaza 9 de julio de Salta. La pieza fue encargada al artista cubano Alexander Guerra Hurtado, y será colocada frente al bar El Farito, donde El Cuchi solía compartir largas veladas con amigos

(Nota publicada en el Diario Miradas al Sur, a propósito de la inauguración de la escultura del Cuchi en Salta. Mayo, 2015).

En el atelier de la calle Necochea, junto a las vías del tren que viaja  hacia Güemes, el desorden es un bello paisaje. Por allí hay una imagen de Frida Kahlo sobre una pared que también sostiene los perfiles de tres cabezas en arcilla, restos de una muestra de arte contemporáneo. El símbolo “me gusta”  del Facebook, en hierro azul, ocupa todo el patio interno de la casa chorizo y espera viajar a Cuba para ser expuesto en la bienal de arte contemporáneo de La Habana, mientras detrás de la ventana de la habitación que da a la calle, se deja ver el molde de la escultura del Cuchi Leguizamón entre papeles y nylons, azotado por un cincel que lo ha retocado tantas veces como sugerencias y opiniones recibió. Obreros corren con baldes de cemento hacia la vereda, y detrás de la puerta de un baño hay una gitana de óleo que observa el pasaje, acaso más bello que en el primer vistazo. El Cuchi sigue detrás de esa ventana. Se ríe. Los dientes modelados según aquella risotada inolvidable estremecen. 

Para el salteño, Gustavo Leguizamón fue siempre un vecino más. El silbador, le decían, porque así anunciaba su presencia. El Cuchi fue, hasta que su osamenta se topó con el irremediable paso de los años, un caminador de las calles de Salta. Solía sentarse en el bar que está apiñado casi en la esquina de Caseros y Buenos Aires, El Farito, que aún  resiste el paso del tiempo y el avance de la modernidad. Es como si ese antro fuera de a poco estrujado por los dos bares lindantes y modernos, uno a cada lado, que le sugieren la retirada. Pero estoico, espera un tiempo más. Acaso ese nuevo tiempo llegue, cuando la escultura de quien fuera su asiduo comensal se plante en su vereda. En el tamaño de la gente, para que los salteños puedan volver a sentir de cerca a quien pasaba silbando alguna zamba.

En Salta se inaugurará pronto una escultura en bronce del Cuchi Leguizamón, para homenajear a uno de los más importantes poetas y músicos del folklore argentino. La obra, casi terminada (falta completar el proceso de fundición) estuvo a cargo de un artista cubano que reside en la ciudad desde hace casi una década: Alexander Guerra Hurtado.

De gran trayectoria en su país, autor de obras locales como el Papa Juan Pablo II emplazado en la vereda de la catedral, bustos de Güemes y de Eva Perón, fue quien tuvo a cargo la responsabilidad de dar forma a la imagen de uno de los personajes más entrañables de Salta, tarea –nada fácil- encomendada por el concejal salteño Jorge Nieto.

“Desde que llegué a vivir a Salta quedé impresionado con el personaje y siempre quise hacer una escultura del Cuchi, seducido por su imagen y su figura –dice Alexander ahora sentado en el patio de la casa atelier. Ese anhelo se hizo realidad desde un proyecto impulsado por la subsecretaría de patrimonio de la municipalidad. Se ha decidido hacer una escultura en bronce, aún sabiendo los tiempos que implica el proceso de una obra de este tipo, riesgos políticos, más que nada. Es siempre más fácil encargar esculturas en cemento, es rápido y de menores costos. Si la escultura se hubiera hecho en cemento ya estaría inaugurada y les hubiese dado un rédito político a quienes la idearon.”

La imagen del Cuchi fue encargada en el mes de noviembre y la elección del autor, obedeció a un concurso. El proceso de modelado fue uno de los más complejos por tratarse de un personaje que todo el mundo conocía, y del cual, todos quería tener una opinión.

AGH: – Es muy común en Salta el encargo de esculturas de los Güemes, los Belgranos, pero son esos próceres que nadie conoció en persona, entonces, las caras son reconstrucciones de archivo, lo que te permite ciertas libertades. Por ejemplo, yo hice hace poco un busto de Güemes, pero la información que tenía era de imágenes de libros, o de algunos integrantes de la familia que aún viven, lo que derivó en una interpretación mía de su figura. Casi igual sucedió con la de Juan Pablo II, que si bien es contemporáneo, es más televisiva. En cambio la figura del Cuchi responde a una imagen que está en el inconsciente colectivo. Al tener la personalidad que tenía, afable, descontracturado, cotidiano, incluso, por el hecho de que era docente, casi todos los salteños sienten que conocen al Cuchi.

¿Y cómo llegaste a un común acuerdo en cuanto a su figura real?

AGH: –En la familia incluso había contradicciones, estaba el que decía que el Cuchi tenía unas manos enormes y otros que decían que tenía manos pequeñas, entonces había que ir haciendo un promedio entre todas las opiniones. Otros me decían que tenía una boca grande. En el caso de la sonrisa que fue lo más difícil de lograr, terminamos usando como molde la dentadura postiza, para poder hacer la medida real y así fue lo más fiel posible.

¿Y finalmente quedaron conformes?

AGH: –Todos quedaron conformes, incluso ellos (sus hijos, su familia) están muy al tanto de la obra y fue bueno porque yo quería que la escultura fuera una construcción colectiva, que todo el mundo pudiera sentir que algo de esa escultura le pertenece, de la misma manera que cada salteño siente que posee una parte del Cuchi. Todo esto hizo que se demorara el proceso, cada modificación implica un molde nuevo.

¿En qué edad está representado Leguizamón en la escultura?

AGH: –Yo tenía fotos del Cuchi desde que era joven hasta que era mayor, así  que tenía que hacer un promedio, en el tiempo se fue cambiando, así que más o menos estará sobre los cuarenta y pico, casi los cincuenta años. Sus hijos me refieren esa edad por la pose y la imagen, ellos establecen el rango temporal a partir de determinadas zambas, por ejemplo, “en esta edad el Cuchi compuso tal o cual zamba”

¿Cómo va a estar presentada la escultura?

AGH: –Estará sentado sobre unas piedras, que aún no se han traído, porque me interesa que encaje con el lugar. La idea de la piedra para mí era como una especie de metáfora de ese personaje. El Cuchi tiene un elemento que lo hace particular, con respecto a otros personajes del folklore. Es un elemento totalmente citadino, y sin embargo su obra habla del paisaje, el campo, su esencia es una mezcla entre la tradición urbana y rural. Un elemento interesante a la hora de armar la escultura fue hacer un intermedio entre una figura descontracturada y formal. Había gente que venía y me decía que debía estar vestido de traje  porque era elegante, pero me parecía que eso lo iba a estructurar al personaje, que de hecho nunca lo fue. Entonces la idea más  trasgresora fue la que tomó forma, con la camisa abierta y arremangada.

¿Tuviste alguna contra?

AGH: –Si, muchas. La más fuerte es que soy extranjero y ¡cubano! . La crítica era sobre “cómo un cubano va a hacer una escultura del Cuchi”. Hay  que recordar que la mayoría de las esculturas de Salta no están hechas en esta provincia, sino en Europa, incluso en otros países latinoamericanos.

En otra entrevista comentabas que la escultura del Cuchi responde a una moda actual de poner a los ídolos o a los símbolos en el lugar de la gente, hablando del tamaño.

AGH: –Hace ya unos años que en Europa y en algunos países de América Latina se está implementando un cambio de paradigma en lo que es la estatuaria, los monumentos. Con el tamaño se intenta borrar los límites entre la figura y la gente. Entonces, se colocan las imágenes en espacios públicos, al nivel de la gente, se le saca todo lo que es pedestal, toda manifestación de grandeza. En Cuba por ejemplo hay un  Lennon que está sentado en una plaza, y la gente puede estar a su lado, puede sacarse fotos, lo mismo en Europa, incluso en Argentina, los monumentos a Mercedes Sosa y Yupanqui de Cosquín, Olmedo en Buenos Aires, cuando yo hice la escultura de Juan Pablo II, tenía la idea de ponerlo en la vereda de la Catedral, ya que se lo nombraba “el papa peregrino” (luego la curia decidió que no sea así). Ya está un poco fuera de uso la magnificencia, como lo es la figura del Che en La Habana, gigantes, que establecen un distanciamiento entre el público y el ídolo, ideas clásicas que vienen desde los egipcios, que representan un sentido de superioridad ante el humano.

¿Cómo es el proceso de la creación de una escultura en hierro?

AGH: –Bueno, se hace un bosquejo, en base a recopilación de datos, y luego una estructura base en hierro, sobre eso se empieza a trabajar con arcilla, se le va dando la forma y así se puede modificar la pose, una vez que tiene la total aprobación, se sacan los moldes, que pueden ser de siliconas o de yeso, un positivo. En el caso del Cuchi usamos un proceso más caro y complejo que es una técnica de fundición que se llama cera perdida que permite por un lado que los tiempos se acorten y que la precisión de la obra sea mayor. Luego esas piezas, por separado se llevan a un fundidor, con material cerámico que resiste la temperatura, la cera se evapora  y queda una estructura hueca que se llena de bronce. En ese proceso está ahora. Queda ensamblar las piezas, limar y patinar. Quien se encarga del proceso de fundición en bronce es Hugo Quispe, proveniente de una tradicional familia de fundidores de Salta, que ha trabajado desde hace años.

Qué significa para un cubano la obra del Cuchi, o qué significó particularmente para vos.

AGH: –A mí lo que más me interesa del Cuchi es que precisamente no es un artista ortodoxo. Hay obras folklóricas que tienen un valor histórico, pero con el tiempo pierden el contacto con el presente y quedan como lo que son, documentos  históricos. La obra del Cuchi, al ser transgresora, cualquier músico contemporáneo puede tocarla sin tener que hacer arreglos y suena actual. Una de las cosas que hablábamos cuando empezamos la escultura, viendo documentales, o leyendo sobre él, yo pensaba: este hombre es un anacrónico, la música que hizo, la hizo fuera de su tiempo. Un hombre que nació en Salta, al que su padre le dio la oportunidad de irse a estudiar a Europa y no quiso, que estudió abogacía, y cuya propuesta conceptual está generada por el prisma de Salta y a la vez no tiene una obra tradicionalista, uno dice este tipo era un músico natural. No hay otro paradigma, creo es un artista único. El Cuchi logra adaptarse a las nuevas generaciones, y eso fue posible porque tocó cosas medulares de la cultura, eso es lo que lo hace interesante al artista para mí y por eso me siento contento con esta obra.

El artista que modeló al genio

El amor lo convocó a Guerra Hurtado a cambiar el aire del mar cubano por el verde del valle salteño. Su destacada trayectoria en el arte contemporáneo de su país, lo pone entre los más reconocidos de Cuba. Se enamoró de una salteña y decidió continuar su trabajo en la provincia norteña, aunque por ahora divide su tiempo entre esculturas de acá y exposiciones de allá. Pronto viajará a su país de origen para exponer en la Bienal de Arte contemporáneo de La Habana y luego regresará para ver su escultura terminada frente a la Plaza 9 de Julio de Salta. Fue su esposa quien le hizo conocer la historia de Gustavo Leguizamón.

“Vine a un simposio de escultura que se hizo en La Caldera, y aquí conocí a mi esposa, nos volvimos a encontrar en Perú, ella había ido a estudiar en la universidad de Arequipa. Nos separamos nuevamente, hasta que llegó nuestro primer hijo Mateo. Entonces había que decidir. Aquí comencé de cero, y ya encontré mi lugar. Hay que reconocer que Salta tiene muchas posibilidades, pero también limitaciones en el sentido conceptual, principalmente por ser un lugar arraigado en la tradición y las costumbres. Yo venía de una realidad distinta, adaptado a un sistema de vida donde todo era posible, Cuba, aún con sus deficiencias, ofrece a los artistas muchas posibilidades, en mi caso estaba inserto en el circuito donde todo era posible, y cando llegué a Salta choque con el no, que es lo primero que aparece. Luego, trabajando se encuentra el camino hacia la posibilidad.”

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