No hay fin para las guitarreadas (Guitarra, dímelo tú)

Hace unos días leí una muy buena nota que se publicó en el sitio cordobés La Tinta, página que se lee y se disfruta.  El título del escrito cuyo autor es el colega Nano Onetti, me llamó la atención: “El fin de las guitarreadas”. Me fui a leer la nota rapidísimo, porque quería saber a qué se refería, justo en estos días en que estamos transitando una agenda muy nutrida y poderosa de festivales de folklore. Ergo, guitarreadas por doquier.

Pensé, antes de leer: ¿Qué sucedió? ¿No hay más juntadas? ¿Qué habrá pasado con los cuadernos salpicados de vino de La Casona del Molino? ¿Ya nadie pisa las peñas del abasto? ¿no hay más muchachada en Guemes?

Por suerte, nada de eso pasó, y la nota aludía a otras guitarreadas, que no tuve en cuenta por ser – reconozco- sectaria y estar en modo folklore, últimamente. Claro, la nota se refiere a las juntadas de los chicos de ahora en general, no esas de las que todos participamos de adolescentes, jovenes y de grandes, donde siempre surgen las que sabemos todos, y a medida que la copa de vino se vacía, sube el volumen de la voz: “Seminare”, casi siempre “Muchacha”, o “Rasguña las piedras”, pero no faltaba una zamba, o una chacarera, aunque fueras de ciudad. Claro que depende del lugar donde vivís, el repertorio.

La nota se refiere en definitiva a la música que se escucha hoy en el ámbito estudiantil adolescente. Si uno escucha una canción de Wos o de Lali, deja de pensar en la posibilidad de guitarrearla, por su complejidad musical (hablando de electrónica, claro), no son canciones “acústicas”. Siendo la nota, la visión del periodista como  docente de adolescentes y niños, no repara, es que hay un porcentaje de esos jovencitos que van a un festival y se suman a los fogones, ya sea de folklore o de rock.

Una curiosidad es que al pie del escrito hay una foto de Mercedes Sosa con una guitarra. Mercedes nunca tocó la guitarra, pero vale el símbolo. (yo hubiera puesto a Cafrune, guitarrero por demás). La foto de la Negra vale para representar el folklore del que no habla la nota. El  lugar por excelencia de las guitarreadas, ni se menciona.

Hace casi treinta años, Raly Barrionuevo sonó primero en las guitarreadas de Salta. Alguien llegó con un cassete que  le alcanzaron en un viaje, y otro sacó en la guitarra “Zamba y acuarela”. Nadie sabía quién cantaba, y todos sabían la canción. Muchos músicos salteños y tucumanos que hoy  rondan los 30 y cantan en grandes festivales, escuchaban a Raly y sacaban esas canciones, como los músicos del llamado “folklore joven” de los 90, sacaban a los Cantores del Alba y a Los Fronterizos. Abel vino después. Soda Stereo, Divididos, en el pop y el rock son de esa época. Todos , en ambitos privados o públicos, se suman a guitarrear.

Como ya dije, los festivales son el lugar donde muchos pibes (niños y adolescentes) que escuchan otras músicas durante el año, se suman al folklore. En las juntadas universitarias, todavía hay guitarreadas. Las peñas existen y en las previas, se guitarrera. En los asados del domingo, se canta y se baila, se guitarrea en las siestas santiagueñas y en las cordobesas del monte. En Salta suena cumbia y folklore, y las ventanas abiertas hablan de guitarreadas. La Chaya se nutre de guitarreadas, y los patios son escenarios de las mismas

No hemos acostumbrado a cancelar hoy una cosa por otra, un tiempo por otro, un eslabón cultural por otro. Vivir en guetos y mantenerse en ellos, es un problema, que las redes acarrean desde hace tiempo. Uno no ve lo que pasa en esos lugares donde no participa

Es como quien va después de muchos años de ausencia a un lugar y comienza a contar sobre ese luagr a sus amigos, como si nadie en todo ese tiempo de ausencia hubiese visitado, hablado o permanecido en ese ámbito del que el “re” llegado habla con tanta «autoridad»

Y  es así: para hablar de cultura, tenemos que abrir todos nuestros sentidos. Un poco acá, otro poco allá. Divididos cantan folklore y Peteco canta rock. Los Manseros son más rockeros que Calamaro.  Un breve paseo por fuera del gueto, nos abrirá un panorama inimaginable al escribir sobre cultura.  

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