En estos días conflictivos (bueno, más o menos desde que arrancaron los festivales), leía a dos comunicadores del ámbito del folklore que hablaban sobre lo violento que está el ambiente en las redes, sobre todo en épocas de artistas y difusores que dicen o no dicen sobre los escenarios y en sus notas, y lo que se les exige. Uno de ellos contaba que, en un marco festivalero entrevistó a un político y tuvo que atajar insultos, comentarios groseros y acusaciones insólitas.
En el otro caso, el difusor hablaba de la unión que facilita el folklore cuando hay diferencias políticas, por ejemplo, haciendo alusión a los meses festivaleros, en donde hubo tanta discusión al respecto. Ahí no tuvo tanta suerte. Siguen los comentarios en contra de artistas que cantan tal o cual canción, y otros que para algunos serían «superiores» porque activan la militancia sobre un escenario.
Hoy nos encontramos con que el coordinador general de Radio Nacional Tucumán, insultó a Mercedes Sosa en twitter. Más allá de su partidismo, de su falta de ética y demás, el tipo trabaja en una radio que se llama, justamente, Mercedes Sosa. O sea, que en este caso el insulto también está regido por el odio, igual que el primer caso y muchos más
Me acordé de que a Rosalía la cruxificaron cuando en una entrevista dijo que le gustaba Picasso, un artista que, según cuenta la historia, fue maltratador de mujeres. Rosalia tuvo que salir a pedir disculpas, algo que me pareció insólito, y un poco tonto. Incluso no se si estaba tan segura de esa disculpa.
El ex secretario de turismo de la ciudad de Córdoba habló en una radio sobre la obra de Carlos Alonso, pintor que vivió el horror de la dictadura y lo plasmó en su arte, y de cien comentarios, cincuenta eran insultos. En esos insultos no había conocimiento, ni interés en saber
Desde ambos lados, nos tomamos la costumbre de exigirles a los artistas y a quien habla de cultura cosas que suponemos están bien para nuestros pensamientos. Y así van las redes por nuestras vidas, viciadas de individualismos que en lugar de disfrutar, o cambiar de canal, gastan tiempo y se ocupan de insultar y maltratar a quienes nos dan un poco de belleza en esta tierra incendiada. No, el folklore no une. Lo que une es la coherencia y la inteligencia, y es lo que nos falta
