Hace 4 años, comencé a pintar este cuadro. Lo terminé esta semana, pero todavía no está colgado, siento que le falta algo, al igual que en estos años, pensé que le faltaba algo (además de lo básico del dibujo, los colores y demás), y aquí estoy, después de cuatro años, decidiendo terminarlo.

Ayer pensando en todo lo que demoré (hubo un año en que ni siquiera lo toqué), me aparece en las redes un posteo del periodista Mario Pergolini descubriendo una nuevo juego de ingenio manual que –contó- tenía guardado desde hacía años y nunca lo usó.
Yo suelo hacer esto, de comprar algo y dejarlo ahí, para retomar el uso, o aprender a usarlo (tengo un dron que quiere ser volado y no lo logra).
Le doy tiempo a las cosas que compro, a los libros por leer, por ejemplo, y a la ropa. A veces, un par de zapatillas demora un mes en caminar con mis pies.
Pero la otra persona que habita en mí, tiene otra manera de ser respecto a las ideas y el trabajo. Se me ocurre algo y no paro hasta conseguirlo o si estoy haciendo un trabajo, soy ansiosa para terminarlo. Con las opiniones también soy directa y rápida. Cuando algo me molesta, salgo a decirlo, aunque últimamente me detengo mucho en pensar antes de hablar. Muchas veces ese impulso que hoy aprendí a manejar, me hizo pasar malos momentos
